IV
No estoy jugando a verte
ni a quererte, ni a odiarte,
sólo juego a la ingenua cacofonía
de tenerte.
En estas noches de candelabros
encendidos,
No estoy jugando a verte
ni a quererte, ni a odiarte,
sólo juego a la ingenua cacofonía
de tenerte.
En estas noches de candelabros
encendidos,
paseando por los pasillos del templo.
Tu que me socorres, yo que te pienso,
Tu que me socorres, yo que te pienso,
!Vaya ruido feroz! que tuerce mis dolores,
que no deja de cantarle a los árboles.
Me acompañas y te llenas de ternura, esa
que se quedó aprisionada en los caminos.
Hoy puedo sonreírte con menos tristeza,
las aguas corren por los pasillos
del monasterio,
tus pies van descalzos hasta el
pozo, se sumergen en la vereda,
y te dejas deslizar por la corriente,
pozo, se sumergen en la vereda,
y te dejas deslizar por la corriente,
Después amaneció en la luz de tus iris
no hay tiempo para los contratiempos del amor.
Nada se ha detenido porque los dos marchamos en pos,
de la infinita cuesta de de la luz.
V
Mi cuerpo sube y baja
tendido en el aire de la misericordia.
Floto sobre la nube exacta
del infinito.
no hay tiempo para los contratiempos del amor.
Nada se ha detenido porque los dos marchamos en pos,
de la infinita cuesta de de la luz.
V
Mi cuerpo sube y baja
tendido en el aire de la misericordia.
Floto sobre la nube exacta
del infinito.
Hoy era ayer, cuando he mirado
desde mi ventana el resplandor de soles
sobre la sábana de mi vida.
Estuve hace mucho en el mismo lugar.
desde mi ventana el resplandor de soles
sobre la sábana de mi vida.
Estuve hace mucho en el mismo lugar.
Viví lo intenso de este invierno desde
un amanecer más cálido, transparente.
un amanecer más cálido, transparente.
De repente los geranios se apagaron, las
mariposas extendieron sus perfumadas alas,
la brisa humedeció mis párpados y pude
llegar a la pendiente colina de tu abrigo.
mariposas extendieron sus perfumadas alas,
la brisa humedeció mis párpados y pude
llegar a la pendiente colina de tu abrigo.
Aquí amanezco sin prisa, ni aguas turbias.
Sin palabras que corten la simetría de mis pensamientos.
Por eso he visto mi palacio tan grande o tan pequeño,
pero sonriente, mirándome como antaño,
desbocado de placer al ver mis manos
cuando acarició sus paredes.
pero sonriente, mirándome como antaño,
desbocado de placer al ver mis manos
cuando acarició sus paredes.
Estoy colocando las hojas
del otoño,
del otoño,
meciéndome en el columpio de las esperanzas
para alcanzar la similitud de una época redimida
por la desigualdad de la luz.
VI
Abrázame ya ves que la humedad
para alcanzar la similitud de una época redimida
por la desigualdad de la luz.
VI
Abrázame ya ves que la humedad
quiere taladrar el desencanto,
y hacer cobertizos en mis huesos
donde se esconden las amapolas incrédulas del amor.
Abrázame hay murciélagos de desamor en las esquinas.
Los ojos quieren herir la remembranza de nuestros nombres
hoy colgados en las ramas de los álamos.
Pero ven y abrázame, para que el desamor
y hacer cobertizos en mis huesos
donde se esconden las amapolas incrédulas del amor.
Abrázame hay murciélagos de desamor en las esquinas.
Los ojos quieren herir la remembranza de nuestros nombres
hoy colgados en las ramas de los álamos.
Pero ven y abrázame, para que el desamor
se empine por encima de esos árboles
las golondrinas desenlacen su vuelo
gritando al infinito,
las golondrinas desenlacen su vuelo
gritando al infinito,
que los azules y los verdes vencieron los temporales.
VII
Flotan los pañuelos
en el remoto peñasco del destino.
Que sonrisa advierte la tarde
para este juego de colores en el cielo,
el sol ha bajado para esconderse
tras las espesas ramas de los olivos,
la lluvia pinta el dulce
parpadear de los montes,
y más allá de toda la espesa
capa de ingratitudes
se levantan dos pañuelos,
que flotan desde lejos
pidiendo que cese
la intransigencia del temor.
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