jueves, 23 de julio de 2009

MIS PALABRAS A LA DERIVA


VIII


¡Oh sol que te marchas!
que te alejas de mi ventana
cuando el frío denso retiene mis manos
y la gélida tarde amenaza con evaporarse.
¿Acaso yo también me marcharé contigo?
Pienso que el crepúsculo me atrapa
en su llama susurrante
deseando cantarme un bolero.
Esas melodías que sólo
las entonaba la voz del silencio
que oprime las infatigables noches
de mis constelaciones.
Sé que volveré al hogar
que me hizo resplandecer
en el jardín de los cipreses,
sé que la lluvia mojará mis mejillas con su color
fosforescente,
y tu estarás allí,
aguardando en la fuente de la vida
para decirme que aun
me sigues esperando desde mi adolescencia.



IX

Que tu ausencia me dilata las horas
-es lo cierto-,

tu palideces allá en el horizonte
de nuestros amaneces blancos.
Donde podré decirte que extraño
las notas de Bach meciéndose en el viento
y que los olmos gritan de dolor por la
distancia.
!Oh cielo de mis cielos! perpetuos influjos de
la vida, como me duele la poda de tus ramas y la
vicisitud de la melancolía.
Ayer te ví llegar en los tiempos del espacio
carcomiendo la corteza de los pinos.
Abriendo un agujero en las ramas de mi palabra,
que extraña sensación de salpicar tu monotonía
en las horas de insomnio.
Voy a detener mi vació para llenar de amor
la enredadera de tu ocaso.



X



El horizonte ha quedado atrás
y mis ojos vislumbran
un amanecer de soles bajos
cargados de penumbras,
rejas y lamentaciones.
Allí quedó el blanco tembloroso de la nieve
las carcajadas de los niños
buscando mis ojos, las tortugas,
los cuentos, los cielos.
Ahora amanezco buscando los caracoles perdidos
como duendes infinitos del mar.
Quiero recordar que estás en el sendero
buscando las notas de una sinfonía para dos
allí donde el techo se cubría de viento
y no puedo alcanzar de un soplo la magnitud de
tu universo.


XI


Mi ventana se alista a la melancolía
tiene ramas llenas de ternura
que ensalzan la lealtad del silencio.
Será que por ella distingo
la Plenitud de mis horas
alcanzando llegar hasta la carcajada
de tu rostro.
Por ella converso con la tarde
busco el ir y venir de los ineptos
que rondan debajo de los cristales.
La lluvia hace galas de su sabiduría
despojándose de su mojado cuerpo.
Ahora que no estás en mis oídos
tus palabras se mezclan con el amanecer en
esta ciudad de pensamientos bajos.


)))=(((

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